Si en el pasado la libre competencia nos mostró una linda cara en que las compañías se peleaban palmo a palmo el mercado, hoy podemos comprobar que han acogido un sabio y antiguo proverbio: “Si no los puedes vencer, únete a ellos”. Vemos como grandes corporaciones se unen, compran empresas menores, fusiones de bancos; grandes monstruos que hacen temblar cualquier iniciativa antimonopolio. Y cuando ya la evidencia del monopolio avergüenza hasta a los propios administradores de las grandes compañías, se crean las alianzas encubiertas.
Al interior de las grandes compañías ocurre algo similar, compras de acciones, alianzas abiertas o encubiertas, cambios en las reglas del juego, manejo de influencias,… El resultado es que unos pocos se hacen del poder, controlan el directorio y deciden la política de la compañía. Política que (no hay que quemar muchas neuronas) favorecerá a aquellos que se hicieron del control.
Ahora si seguimos observando las casualidades que se dan hoy por hoy, veremos que en el ámbito del poder político también se da una suerte parecida. Vemos como todo movimiento que se salga de los límites de la “cordura” tienden a desaparecer, y solo quedan dos grandes alianzas con proyectos similares que se disputan un electorado sediento de farándula y circo.
Y por último vemos como los que se han hecho del poder económico se parecen cada vez más a los que juegan con el poder político. Entonces empezamos a confundirnos, este es el hijo del que…. No, es el hermano del presidente… trabajaba en la compañía y se retiró para dedicarse a la política…
Yo no se cuantos son, ni cuantos delfines tienen, pero son los que arreglan el tablero. Podremos estar todos de acuerdo en que el calentamiento de nuestro mundito no nos hace bien, que el ultravioleta, que el aire inmundo y las metrópolis pestilentes, pero no avanzamos nada si ellos se juegan algunos cuantos en esto.
Al interior de las grandes compañías ocurre algo similar, compras de acciones, alianzas abiertas o encubiertas, cambios en las reglas del juego, manejo de influencias,… El resultado es que unos pocos se hacen del poder, controlan el directorio y deciden la política de la compañía. Política que (no hay que quemar muchas neuronas) favorecerá a aquellos que se hicieron del control.
Ahora si seguimos observando las casualidades que se dan hoy por hoy, veremos que en el ámbito del poder político también se da una suerte parecida. Vemos como todo movimiento que se salga de los límites de la “cordura” tienden a desaparecer, y solo quedan dos grandes alianzas con proyectos similares que se disputan un electorado sediento de farándula y circo.

Y por último vemos como los que se han hecho del poder económico se parecen cada vez más a los que juegan con el poder político. Entonces empezamos a confundirnos, este es el hijo del que…. No, es el hermano del presidente… trabajaba en la compañía y se retiró para dedicarse a la política…
Yo no se cuantos son, ni cuantos delfines tienen, pero son los que arreglan el tablero. Podremos estar todos de acuerdo en que el calentamiento de nuestro mundito no nos hace bien, que el ultravioleta, que el aire inmundo y las metrópolis pestilentes, pero no avanzamos nada si ellos se juegan algunos cuantos en esto.
